jueves, 13 de mayo de 2010

Campeones


Me encantaría alegrarme con vosotros y salir a la calle a chillar, a saltar y a festejar, pero no puedo. Me gustaría fundirme en un abrazo con cuanto desconocido me cruce por las aceras que identifique como seguidor, pero no puedo. Sería feliz si pudiera perderme en la noche, en cualquier local lleno de humo y mala música en el que corra la cerveza generosamente, gritando las consignas de nuestro equipo, pero no puedo. Sé que es una faena, y lo siento, pero es que ayer me atravesaron con un alfiler y me colocaron en esta urna, desde la que apenas puedo escuchar vuestros cánticos, mientras voy asfixiándome con el alcanfor.


viernes, 7 de mayo de 2010

Laura



Laura. Otto Preminger. 1944

Ayer tuve la suerte de volver a ver Laura en pantalla grande. Toda una experiencia, pese a los nuevos elementos que pueblan la filmoteca, de esos que no se callan aunque la película haya empezado y se ríen a destiempo (para más información, suelen llevar unas gafas con pronunciado reborde de color tirando a negro).

Aunque en ocasiones las copias que tiene la Filmoteca Española no sean las mejor conservadas, esta era más que aceptable y la versión original permitía disfrutar de los personajes tal cual, sobre todo Waldo interpretado por Clifton Webb, el cínico protector de Laura, que es el que peor parado sale en el proceso de doblaje.

Para mí esta película es una de las mejores del cine negro, algo más luminosa que otras debido a su trama, pero que contiene todos los elementos que hacen de ella una obra maestra. El gancho principal y lo que perdura en un primer visionado es el protagonismo de Laura (Gene Tierney) que se presenta desde el primer momento como la víctima de un asesinato y que ejerce su magnetismo de forma constante. Esta atracción trasciende incluso su muerte, afectando al detective encargado del caso (Dan Andrews), que descubre una increíble atracción por ella con tintes necrófilos. El clímax de esta atmósfera casi obsesiva se alcanza cuando aparece Laura, junto a su retrato, como un espectro, pero viva; entonces toda la historia da un giro.

Más allá de un guión lleno de diálogos irrepetibles y de una puesta en escena impecable, hay elementos que son magistrales. Uno de ellos es el cambio de registro narrativo con el que se introduce la historia y que directamente nos atrapa: esperas una historia contada en primera persona por uno de los personajes, Waldo, y pronto el relator pasa a estar fuera de escena, tras la cámara. Eso sí, el director utiliza la capacidad narrativa de ese personaje para hacer el único flashback que nos permite conocer a Laura y la fascinación que ejerce en todos los que la rodean.

Otro elemento es la profundidad de los personajes que configuran las historia: cada uno de ellos se esconde tras estereotipos reconocibles, sin embargo ninguno es simple y están perfectamente interpretados. Destaca Clifton Webb, cuyo cinismo proporciona los mejores diálogos y momentos irrepetibles. Incluso Vincent Price, lejos de su encasillamiento posterior, está impecable en el inmaduro e inconsecuente gigoló incapaz de dejar sus hábitos mujeriegos pero sinceramente enamorado de Laura. Para ilustrar esta profundidad me quedo con la conversación que Laura tiene con su tía en la habitación de la primera, cuando festejan su reaparición.

Y esas escenas maravillosas, ya clásicos del género, como las que suceden bajo la lluvia, evocadoras de otros grandes momentos del cine negro, en los que un investigador enfundado en una gabardina es literalmente empapado por una lluvia persistente, en plan Philip Marlowe en El Sueño Eterno (película que se rodó dos años después de Laura, hay que recordar).

En fin, ayer fue una gran noche, volviendo a ver Laura. Pero ayer, le encontré un pero, después de haberla visto muchas veces: su happy end. Sí. Aunque no me hagáis caso, quizá sea mi predisposición, que me hace pensar en otros finales tipo Perdición.


miércoles, 5 de mayo de 2010

Daños colaterales


(La ejecución de Lady Jane Grey. Paul Delaroche)

Caminaba hacia el cadalso, rapada, descalza y semidesnuda. El verdugo esperaba encorvado apoyado en su labrys recién afilada, oculta la vergüenza bajo basto paño. Ella se inclinó como en un sueño, sobre el olor a sangre seca, la barbilla apuntando al suelo. Golpe seco y la cabeza se separó del tronco, cayendo en un cesto que impedía la escrupulosa mirada ajena. El verdugo, con tranquilidad, puso el hacha en su mano inerte. Y los asistentes a la ejecución lloraron la desdicha del verdugo, pobre víctima de la acusada.


martes, 4 de mayo de 2010

Un encuentro


Sin duda, ayer era el día. La casa se había llenado de luz desde una hora temprana y todo estaba cubierto de una pátina de especial evidencia. Me movía en los quehaceres cotidianos como en un sueño, absorta entre la parte práctica de la vida y este nuevo pensamiento que me ocupa de manera sutil, como un sonido apenas perceptible. Fuera se adivinaba un día radiante, lleno de paseos por dar y lugares por los que perderse. Un regalo de día. Me senté frente al portátil y creé, a mi modo. El sonido irreverente del teléfono me sacó de mi ensimismamiento y al descolgarlo una voz alegre me permitió viajar a algún lugar oculto dentro de mí donde hacía mucho tiempo que no pisaba. Estaba desconcertada y tú, creo, algo molesto porque no había sido capaz de salir de ese rinconcito en el que me había acurrucado al escuchar tu voz.

Pasé el resto del día pensando en ese pequeño viaje astral, en tu proposición de vernos dándonos ventaja el uno al otro, en mi vértigo, en tu cercanía a mi pensamiento constante y consciente. Cuando la luz dio paso a la noche, me preparé con una especial lentitud, sintiendo cada gesto como parte de un ritual, estaba invitada a cenar fuera, entre amigos; después de un tiempo fuera de casa las reuniones para retomar contacto y contarnos vivencias se convierten en algo habitual. Alegría, acompañada de buena comida y mejor vino y el placer de una conversación pausada, sin prisa, llena de la tranquilidad que te proporciona la confianza. En un momento de la charla, de manera inconsciente, casi sin quererlo, derivé el tema a lo que me estaba sucediendo y compartí lo que estos días vivimos. No hubo sorpresas, nadie se escandalizó, emitieron opiniones favorables y me sentí sintiendo vértigo frente a un vaso de agua.

Hoy el día ha amanecido frío y gris, parisino. El invierno nos ha arrebatado la oportunidad de paseos por cada instante del otro. Pero sé que la luz, la calidez del sol, nos acariciará la piel, que nuestros ojos, sin duda, un día se encontrarán, bajo ese instante infinito que va desde una mirada a un parpadeo.



lunes, 3 de mayo de 2010

Nanosegundo




¡Busquemos la esperanza en el infortunio, impasibles al desaliento!


domingo, 15 de marzo de 2009

Cartografía de tu cuerpo

Escribo la palabra cuerpo en Google y me da cincuenta y seis millones setecientos mil resultados en cero coma catorce segundos. Nadie podría haber hallado mayor número de cuerpos en menos tiempo. ¡Vaya con la eficiencia tecnológica! Sí, impresionante, pero de tu cuerpo nada de nada y ese, justamente ese, es el que busco y no da señales de vida entre esos cincuenta y seis millones setecientos mil resultados que la pantalla me muestra.

Me aparto del ordenador, éste no va a ayudarme en mi búsqueda. Tengo la determinación de hallarlo, se encuentre donde se encuentre. No lo dudo un segundo y me equipo hasta las cejas para realizar una expedición a mi memoria. Con tal aventura pretendo completar la cartografía más exhaustiva de la materia que te forma, realizar el viaje alrededor de la geografía de tus formas, determinar la geología del orógeno de tu piel.

Sé que el viaje no será fácil, que habré de sufrir las ventiscas de tú olvido, desniveles infernales a tu ausencia, falta de referencia por el cambio magnético de tu antipresencia. Pero la certeza de lograr el mapa más detallado de tu cuerpo empequeñece cualquier adversidad. He cargado en mi mochila brújula, teodolito, bocetos realizados en las veladas de la vigilia de tu deseo que puedan servirme de guía y un lacónico papel en blanco donde iré trazando torpemente la forma que te identifica.

Quizá no vuelva de tal aventura, pero sé que si llego a mi destino, volveré a ser la sirena diminuta que nada ajena al mundo en el proceloso mar de tu ombligo.


domingo, 1 de marzo de 2009

¡Escribe!


El papel en blanco me mira, con desidia, con tedio. Mi temor se asoma a él azuzado por la falta de confianza y tiemblan mis manos al sujetar la pluma. Estoy a punto de realizar el primer trazo y la blancura de la superficie grita, con un alarido que desgarra la noche. Alejo de nuevo la mano y la zozobra se apodera del espacio que hay entre el papel y yo. Desde atrás, desde el pasado, una voz familiar me susurra: escribe, simplemente sé tú y escribe. Y entonces lo veo claro: a lo que temo no es a la mediocridad de lo que escribo, no. A lo que realmente temo es a ser capaz de salir de la quincalla de presuposiciones, prejuicios y pretensiones, abandonar la almadraba a la que nadé huyendo de mi libertad. Tengo miedo de encontrarme conmigo frente a frente, reconocerme en mis ojos. Enrosco cuidadosamente el cierre de la pluma, la dejo sobre la lacónica superficie del papel en blanco, apago la luz y me voy frente al televisor, resguardándome en el movimiento de las sombras que proyecta sobre la pared y un no pensar me permite evitar llegar a saber quien soy.

lunes, 9 de febrero de 2009

Lupercales y Peliqueiros


De San Valentín a Carnaval


No veo la televisión, apenas leo el periódico y escucho una cadena de radio que sólo programa música y noticias relacionadas (R3). Es mi manera de mantener cierta asepsia mental. Pero incluso en mi pequeño aislamiento, el día de San Valentín me asedia por todas partes. Desde mi infancia, he sentido un fuerte rechazo por aquellas figuras que suelen poblar el universo que a las niñas se nos asigna: corazones, ositos, lacitos y demás -itos; vosotros me comprendéis. Por eso, este despliegue obsceno de figuras rojas que no sé quien se cree que se parecen a nuestra válvula sanguínea, me estomaga. Y pienso ¿quién le ha dado esta maravillosa excusa al sector comercial? Y empiezo a perderme en las explicaciones que en Internet hallo sobre el origen de la fiesta.
Algunas hablan de los versos de un poeta inglés. Pero a mí me parece más atractiva una que asocia su origen con las fiestas romanas llamadas Lupercales, que se celebraban hacia el 15 de febrero. Leo y sigo buscando. Curiosas fiestas de la fertilidad que llevaban asociadas el sacrificio de animales (perros y cabras). Se celebraban en el monte Palatino y los sacerdotes asignados a ese rito se vestían con las pieles de los animales sacrificados y bajaban a la ciudad, dando con unas tiras de piel a la gente que encontraban a su paso, pero sobre todo a las mujeres, que veían con muy buenos ojos este acto porque, según el rito, eso aumentaba su fertilidad. Y entonces pienso: esto me suena a Peliqueiro, a Entroido, al carnaval gallego que se celebra en algunos lugares de la provincia de Orense. En esta fiesta los Peliqueiros, personajes curiosamente vestidos, con la cara cubierta de máscaras, le van dando con tiras de cuero a quien encuentran a su paso. Fíjate por donde San Valentín y algunas tradiciones del carnaval tienen un origen común. ¡Qué queréis que os diga! Yo me bajo a Cádiz y Barbate este año para vivir los carnavales. El día de San Valentín, vuelo a París, pero de manera circunstancial, no por nada, porque París es para ir, no por haber programado un romántico reencuentro en la “ciudad del amor” (no puedo con tanta cursilería). Hay que amarse todos los días del año, o no, según toque que la libertad es un ejercicio del alma, si se puede. Institucionalizar estas cosas en un solo día le da coartadas a muchos sin imaginación y constancia.
VIVA O ENTROIDO!

viernes, 6 de febrero de 2009

Alamut


Es en el calor de la noche (¡qué buena película!) en el que me refugio para, desde esta atalaya, saciar mi necesidad de comunicarme. Quizá a nadie importe. Bueno, me importa a mí. Y aunque estas palabras sean sonidos que se pierden en el viento del desierto, no dejaré de pronunciarlas. Por ello, utilizando las palabras que utiliza Amin Maalouf en Samarcanda, os describo el sitio que soy:

Alamut: una fortaleza sobre un peñasco de seis mil pies de altitud; un paisaje de montes pelados, lagos olvidados, precipicios cortados a pico, desfiladeros sin salida. El ejercito más numeroso no podría acceder a ella más que en fila india. Las más potentes catapultas no podrían ni rozar sus murallas.
Entre las montañas reina el Xah-Rud, llamado el "río loco", que en primavera, con el deshielo de las nieves de Elburz, crece y se acelera, arrancando a su paso árboles y piedras. ¡Ay del que ose acercarse! ¡Ay de la tropa que se atreva a acampar en sus orillas!
Del río, de los lagos, sube cada noche una densa y algodonosa bruma que escala el farallón y se detiene a medio camino. Para los que allí viven, el castillo de Alamut se convierte entonces en una isla en un océano de nubes. Visto desde abajo es una guarida de genios. El el dialecto local Alamut significa "la lección del águila"....

miércoles, 4 de febrero de 2009

Blog y amigos

Le digo a un amigo, algo tímida

- Tengo un blog

- ¡Qué bueno! Me encantaría verlo

- Es una tontería, ya sabes, mi afán de exhibicionismo

Insiste y le paso la URL para que pueda acceder. Nos separamos, pasa el tiempo y no me dice nada. Pasados unos días, mientras nos tomamos una birra, le pregunto, así, como quien no quiere la cosa, si finalmente se acordó de pasar a ver lo que colgaba en el blog. Se pone serio, yo tiemblo. Él es un crítico feroz, por profesión y por carácter, yo tengo un alto nivel de autoexigencia y nunca he sido capaz de pasarle nada de lo que escribo.

- Bueno, lo miré muy de pasada

- Pensé que te apetecía verlo

- Bueno, sabes que mi carga de trabajo...

- Vamos, que no te lo has mirado

- Sí. Me quedé dormido a la mitad del primer post

Tomo el tercio con parsimonia, doy un largo trago, le miro a los ojos y le digo:

- Me han dicho que la obra que están haciendo en el español es extraordinaria, podíamos quedar un día para verla....

Seguimos siendo amigos, pero no he vuelto a decirle a nadie que tengo un blog.