
viernes, 18 de junio de 2010
Todos le llamaban Gigi

La hora del té en un submarino nuclear

Por eso, cuando te conocí supe que estaba ante la posibilidad de una pieza única. Todo apuntaba a ello y yo, emocionada, temblaba. Tras días de aviso, apareciste en aquella estación. Tú habías atravesado un continente procedente de otro. Yo desconocía el día de la semana en el que estaba. Del coche que conducías se bajó alguien con un cansancio por la vida que lo impregnaba todo. Al llegar a casa, uniste la estupidez en espacio y tiempo; todo lo que hasta entonces eran piezas únicas pasaron a tener sentido y perdieron su encanto. Y en el otro lado de la cama, te apoderaste de la inutilidad de mi existencia.
martes, 15 de junio de 2010
Miss Carrusel
Ayer dormí con Miss Carrusel. Su miel envenenada aún endulza mi sangre y sus besos de adormidera flotan en mi cerebro, inerte. Ayer me envolvió en sus brazos y me juró amor eterno mientras me clavaba su alfiler de pelo entre la segunda y la tercera vértebra.
martes, 1 de junio de 2010
Hoy he visto a Bernarda Alba

- ¿Dónde vas, Bernarda?
- A buscar todo el viento de la calle que durante ocho años desterré de mi casa
- ¿Y tus hijas?
- Todas muertas ...
Mira al suelo, hiriente de luz, contaminante de su luto, y esconde de nuevo sus manos bajo el pañuelo que la cubre, con vergüenza.
En el otro lado de la calle, dos adolescentes que aún no han tenido oportunidad de vivir, se ocultan de arriba a abajo sin dejar ver más que sus manos y su rostro, aún infantil. Un velo que dice apartarlas de su impureza las marca, las excluye, lejos de identificarlas en cultura alguna.
Bernarda, que también ha reparado en ellas, se remanga pudorosa la saya y da media vuelta.
- Me vuelvo a casa, no vaya a ser que se me cuele una brizna de aire.
sábado, 29 de mayo de 2010
Como espuma
Flor de Azalea. Chavela Vargas
Del primer amor nos queda la inconsciencia del final
viernes, 28 de mayo de 2010
Mantra
Ahora pienso que no merece la pena,
arriesgarme traerá más problemas.
Así que elijo
lo que tengo más cerca.
Por lo menos tendré la certeza
de que existo,
de que puedo decidir,
de que elijo por mí,
sólo por mí.
En vez de aceptar lo que viene de fuera,
en lugar de contar lo que queda,
desde ahora hasta el día en que me muera
por lo menos cabrá la sorpresa.
Algo nuevo,
algo aún por descubrir,
algo dentro de mí,
dentro de mí.
Cuánto tiempo he perdido ahí afuera,
cuanto por descubrir en mi cabeza.
Es tan vasto
que da casi pereza.
Casi pienso que no tengo fuerzas
para hacerlo
y encontrar dentro de mí
algo nuevo.
La copa de Europa. Una semana en el motor de un autobus. Los Planetas
miércoles, 26 de mayo de 2010
Orfeo y la fe
Orfeo asesinó a Eurídice. Hay asesinatos por celos, por pasión desmedida, por amor desatado, por un incontrolable sentimiento de posesión. En el crimen, lo pasional se observa como atenuante. La pasión como vehículo para una locura temporal que ciega y lleva a cometer actos viles, execrables. Pero Orfeo no encontró a Eurídice en los brazos de Hades, ni enloqueció de celos en su viaje al averno, no le nubló la vista la traición ni le consumió el sentido el fuego del desamor. No. Orfeo no mató a Eurídice por desamor. Lo hizo por falta de fe.
miércoles, 19 de mayo de 2010
En ninguna parte
Siempre me gustó la música triste, alimento para una tristeza ancestral. Tristeza, no melancolía. Es una escucha regular, me acompaña y me gusta desgarrarme la garganta gritándola desesperada en el silencio de la noche, con palabras sin sonido, con gestos sin rostro. Escucho atentamente, sin hacer otra cosa que escuchar, con la quietud de la atención plena. Leía el otro día en un magnífico blog que quien descuida la atención vive el tiempo de las moscas. Yo me afano en salir del bichario tumbada en la oscuridad llena de notas y poesía. Entonces, en esa máxima atención soy capaz de vaciarme completamente para imaginar no ser yo. Me tomo vacaciones de mí misma y viajo a la inconsciencia.
¡Me has borrado!
Queens of the Stone Age. Quick and the Pointless
Recibo el correo de un amigo, después de no contestar a algunas de sus llamadas. En él, incluye la frase “¡Me has borrado!”. Yo, que atravieso por una de mis ya habituales épocas de autoaislamiento, me quedo pensando en esta manera de expresar mi desaparición de la vida. La imaginación da un respingo y me dibuja, con una gran goma de borrar, de esas de nata que me comía de niña, a escondidas. Ahí estoy yo, armada de un borrador gigante que a duras penas soy capaz de levantar para ir borrándole, desde su pelo cano hasta el último resto de su ser, que se me resiste. Termino agotada y me apoyo en esa goma descomunal que parece una columna marmórea de pacotilla.
Es curioso como ciertos hábitos que no llevan demasiado en nuestras vidas han cambiado nuestra forma de expresarnos y de analizar determinadas situaciones. Las redes sociales han hecho que sea más sencillo interesarnos por el que está al otro lado del mundo que por el que tenemos cerca en lo cotidiano. Ha hecho de nosotros unos espías aficionados de lo ajeno, malos interpretadores de entrelíneas previsibles y exhibicionistas para un público, que en la mayor parte de los casos presta poco interés a nuestros afanes. En fin, que ahora ya no nos tomamos un tiempo por circunstancias personales, ahora nos borramos o hacemos lo propio con los ya no-amigos, como si fueran un tachón antiestético en nuestra vida.
Mientras pienso esto, la imaginación sigue a la suya y me muestra un montón de gente por las calles, cargados con borradores aquejados de gigantismo, persiguiendo a aquellos de los que quieren deshacerse porque ya no tienen nada que decirles. Todos huyen, todos persiguen, y en el centro de la estampa estoy yo, con armadura indeleble, cabalgando sobre un sacapuntas, lapicero en ristre dibujándole nuevos amigos a cuanto transeúnte me cruzo en mi camino.

