
Ayer dormí con Miss Carrusel. Su miel envenenada aún endulza mi sangre y sus besos de adormidera flotan en mi cerebro, inerte. Ayer me envolvió en sus brazos y me juró amor eterno mientras me clavaba su alfiler de pelo entre la segunda y la tercera vértebra.
8 comentarios:
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Pocas veces leí tanto en tan pocas palabras.
Un saludo y gracias por la visita.
Uy... sí. Qué mareo.
Todo un sueño de carrusel ...con final terrible.
Cuando subis al carrusel es imposible bajar o saber donde estas... a quién le importa?
Gracias, Felipe. El mareo es parte de su juego, Tesa. Y es mejor dejarse llevar ... porque efectivamente, ¿a quién le importa, Ofelia?
Besos
Estremecedor.
Y, en realidad, ¿Quien quiere bajarse?
Besos
Quizá, Miguel. pero los muertos ya no tomamos decisiones
Auxi, gracias por seguir por ahí. He visto tus sites, estaré pendiente de ellos, desde este lado de la laguna Estigia
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