sábado, 27 de noviembre de 2010

Cuando la vida era diversión


Salía de casa multicolor, minifalda y zapatos a juego, camiseta y medias coordinadas, nada al azar. A mamá le encantaba. Me acompañaba siempre un gran bolso imitación a charol negro al que yo apodaba mi bolsa de basura. En él todo el arsenal. Desde el décimo, donde vivía, a la salida del portal el atuendo multicolor se iba tornando negro, desgarrado y lleno de apliques que fabricábamos nosotros mismos. Lo del customizado, por necesidad porque en la España de principios de los ochenta el negocio del merchandising para las tribus urbanas aún no había sido descubierto y, o tenías pasta y te ibas a Londres y Nueva York a pillar cosas guapas o te las fabricabas. El resto de la transformación se producía en el metro, mientras los chicos no paraban de pintar las paredes con “Punk not dead”, Yoli y yo terminábamos con la parafernalia del cardado de pelo y el maquillaje menos luminoso. No había mucha distancia desde casa hasta la estación de metro de Cartagena, donde salíamos atropellados, muchas veces seguidos por los de seguridad a la carrera al sorprendernos llenando las paredes con el nombre de Goma2 (el grupo punk de los chicos), los Exploited, los Sex Pixtols o simples consignas punkis y anarquistas.

Era la sesión de tarde, yo apenas había cumplido trece años y tenía que estar a las diez en casa, en mi casa eso no se negociaba. En la puerta, a veces, nos encontrábamos con la hermana mayor de Yoli, que siempre se enrollaba y nos mezclaba en su grupo para pasar más fácilmente, aunque nunca tuvimos problemas para entrar. Elena, la hermana de Yoli, era una punk de las pioneras en Madrid que ya había sufrido el ataque de los fachas en el parque del barrio y del que había salido muy mal parado su novio, al que habían roto la mandíbula y un par de costillas con un bate. Allí estábamos todos, entrando al Rock-ola, un sábado por la tarde.

Aquella tarde tocaba mi grupo favorito, si no descontrolaban mucho en el horario, cosa que era habitual en ellos, podría ver parte del concierto antes de salir corriendo a casa. Pero con los Derribos Arias todo era imprevisible, contaban que a veces pasaban de salir o salían cuando les venía en gana, pasando del horario que la sala había programado. Pero yo estaba allí, con mis mejores mallas rotas, las zapatillas de baloncesto negras, una correa de perro al cuello, cadenas de cierres de latas de refresco y las lóbulos de las orejas atravesados por tiras de imperdibles. Visto desde ahora, donde se adquiere la imagen si el bolsillo está lleno, todo era tan naïf....

Dentro, el ambiente se podía cortar, tabaco, y demás sustancias fumables, no era difícil ver a alguien de anfetas aunque el tema picos, tan habitual en el Argenta, no era evidente. Bebía cerveza. No me gustaba nada, pero aquello era ¡tercios para todos! y yo no rechistaba. Así, forzándome las primeras veces he llegado a conseguir que la cerveza sea una de las bebidas que más me guste. Si es que hay que perseverar. Birra y buena música. Camacho, el bajo de los Goma2 me cogía de la mano y hablándome al oído me contaba cómo los Decibelios había montado una buena en su concierto, cuando habían decapitado en directo a un montón de pollitos, cuando los Decadencia le dieron con una botella en la cabeza por no estar al loro y que su sueño era tocar allí. Yo miraba sus ojos verdes y él me sonreía, sonrojándose.

Aquel día no conseguí ver a los Derribos Arias. Lo haría meses más tarde en las fiestas de Madrid. Pero sí que conseguí estar en aquel famoso concierto de las Vulpes y en alguno más dentro del Rock-ola. Siempre llegaba a casa a las diez, para evitar un castigo, salvo cuando Yoli y yo pactábamos que una dormía en casa de la otra y entonces podíamos vivir una noche de libertad.

Era el tiempo en el que leíamos La Luna y el Víbora, descubríamos grupos nuevos en Radio 3, todo el mundo grababa su maqueta, tomábamos el sol en la tapia de la puerta de la Bobia, los domingos, en el rastro, le hacíamos cortes de manga a los rockers en la Gran Vía (aún José Antonio)... Era un tiempo donde la gente se divertía haciendo lo que hacía, no había antecedentes y se disfrutaba de las cosas por estrenar, era un tiempo en que se hacía todo por puro disfrute, sin tomarse nada demasiado en serio.


11 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

"Las vulpes"...¿te fijas que contradicción, en unas chicas que cantaban "yo quiero ser una zorra" llamarse Zorras escondidas en el latín?

Desclasado dijo...

Branquias bajo el agua es el baile de actualidaaaaaaad...

Qué felicidad de tiempos.

LU dijo...

Branquias bajo el agua… Y lo lejos que estaba Madrid, y los conciertos que retransmitía Radio3… Esa ilusión por escuchar más canciones de un grupo, de la maqueta al EP. Esa ingenuidad…. Intercambiar cintas de cassette grabadas. Largas conversaciones con los amigos sobre música. El Víbora, los fanzines…

Ay, qué nostalgia!!!

En mi casa tampoco se negociaba la hora de llegada. Yo soy la hermana mayor y me tocó abrir camino.

Flor de pasión y Juan de Pablos…

Me has traído tantos recuerdos con este texto

Biquiños

J. dijo...

Un amigo me enseñó que las mejores crestas siempre se hacían con Mistol, que la gomina era para otras cosas. Íbamos de duros, aunque siempre acabábamos cantando del vuelta a casa el Out of time en versión de Los Ramones. De aquella época aún me queda lo el "No future."

Alamut dijo...

MªJesús: es que la cultura y la provocación no están reñidas. ¿qué mejor manera de autoploclamarse zorra?

Desclasado: es curioso, me ha quedado añorante y, la verdad, no era mi intención. Sólo quiero constatar lo bien que lo pasamos, aunque no fue el único momento de diversión, sólo el primero

LU: Madrid estaba lejos pero tres años después cuando en el Splash (luego sala Revolver) sonaban los Golpes Bajos, a todos nos hubiera gustado darnos una vuelta por Vigo. Los Siniestro Total fueron parte fundamental de todo aquello que nos divertimos... Sí, afortunadamente Juan de Pablos sigue siendo uno de los pocos que sobreviven en Radio 3, a casi todos los que comenzaron se los han cargado (como a Jesús Ordovás y su Diario Pop, fundamental en aquellos años)....
Gracias por pasarte por aquí y me alegro de haberte recordado cosas agradables....

J.: yo utilizaba azucar con zumo de limón para el pelo de punta y cerveza para que el cardado quedara en su lugar.... La gomina era para los tupés de los rockers, pero tampoco creas que la encontrabas en las tiendas ... ¡La necesidad agudiza el ingenio!

Blue dijo...

¡Que bueno, Alamut! Cerveza en el estómago y en el pelo.
Casi no me acordaba ya de Derribos Arias.
De Radio 3 y Jesús Ordovás, sí, un montón.
Y de revistas, yo leía Sal común. Creo que tuvo una vida muy corta.

¡Daría algo por verte en una foto, ja, ja!

Besos.

Alamut dijo...

Blue: la cerceza marcó nuestras vidas, snif.... ja, ja, ja. No conocí Sal común.... una pena.

A mí también, tengo muy pocas fotos de aquella época, huía de las cámaras....

Me alegra verte por aquí.
Un besazo

40añera dijo...

Que tiempos donde provocación daba la mano a cultura incipiente moderna y nueva, tribus urbanas que nos fabricábamos abalorios y estilo a mano imitando el made in fuera.
Que tiempos
Besos

Alamut dijo...

40añera, lo que tenemos que hacer es seguir provocando construyendo...
Me alegra verte por aquí
Besos

Anónimo dijo...

Hola

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Brian Quick dijo...

jajaj vaya tiempos, aunque no puedo mirar el cardado de la presentadora :P

Besotes!^^