
Y el conejo blanco no dejaba de consultar el reloj. Tiraba de la cadenita enganchada armoniosamente en el ojal de su chaleco y hacía que el artilugio medidor del tiempo se deslizara hasta la palma de su mano: tic-tac, tic-tac. -¡Llego tarde! ¡Llego tardísimo!- Exclamaba una y otra vez, mientras corría nervioso a su cita. ¡Feliz día de no cumpleaños!
El Sombrerero loco no está en casa, olvidó disponer la mesa en el jardín, el té no está preparado y el conejo blanco, sentado frente al vacío, se rasca pensativo la cabeza. ¿Quizá debía ser yo quien eligiera la botellita barrocamente decorada con la palabra “bébeme”? Quizá, quizá, quizá...
1 comentario:
Tu mente interesa.
Pesimista u optimista, artista o burgues...
Volvere para ver cómo escribes
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