
Un día me vestí de novia tras calas rojas. Fue el día más triste de mi vida. Mi cabeza iba rompiendo el cielo, pero mi corazón dejaba un reguero de sangre que mi vestido naranja-salmón no podía disimular y que era esparcido por aquella cola que yo nunca quise lucir. Ella, la perversa, me seguía, detrás, muy diligente, con la bayeta en la mano, limpiando el rastro. Ante todo, normalidad, somos seres civilizados, me susurraba él, mientras sujetaba el cubo de cinc donde ella escurría la sangre que iba recogiendo. Con mi sangre, hicieron un festín al que acudieron todos los invitados, mientras yo, desnuda, desangrada y acurrucada en un rincón, buscaba con los ojos en la mano el tiempo de la esperanza.
6 comentarios:
Desgarrador
Como una tragedia griega, como la vida misma.... Uno beso Lu
Eso me recuerda una escena fabulosa de Melina Mercouri en una película de Bardem titulada los pianos mecánicos.
Jack, no conocía esa película de Bardem. He estado mirando por la red y no he conseguido ver escena alguna. Intentaré conseguirla el Ficciones o algo así; me dejas con muchas ganas de verla.
Gracias por pasarte por aquí.
Besos
Terrible.
Lo fue, increiblemente terrible. Gracias por la visita.
Besos
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